La mitad de nuestros clientes llegan a nosotros con base instalada. Les prometieron un traje a medida y les dieron uno de talla única que no cierra por ningún lado. Piden soporte y sienten que hablan con una centralita, no con alguien que les escuche. Han perdido la fe en el programa, no porque BC no sirva, sino porque nadie se ha molestado en hacerlo suyo.
Y ahí entramos nosotros: el coche escoba. El que recoge lo que va quedando atrás por el camino, se para a mirar qué hay, y decide qué se salva, qué se repara y qué hay que rehacer desde cero.
No os voy a engañar, esto tiene su parte dura: coger un desarrollo que no has hecho tú, entender (o intuir) decisiones que tú no habrías tomado, y encima responsabilizarte de que a partir de ahora sí funcione. Ahí no hay «yo no fui», hay que arremangarse y punto.
Pero también es de lo más gratificante que hay en este trabajo: ver la cara de un cliente cuando por fin alguien le dice «esto tiene arreglo» y, sobre todo, «te estoy escuchando». Recuperar la confianza de alguien que ya había tirado la toalla con su ERP no tiene precio.
Así que si tu Business Central «funciona pero no te convence», o tu partner actual te tiene siempre en cola de espera… nosotros somos el coche escoba. Llegamos los últimos, pero llegamos. Y limpiamos lo que haga falta.

